4.000 semanas

Eso es todo lo que tienes.

Vino a mi mente este número, y no es mío: se lo debo a Oliver Burkeman. Es la media que vivimos.

El tiempo es algo que usamos sin ser muy conscientes de ello, sin saber su tremenda limitación.

«Ese tiempo concedido se nos pasa tan rápido y veloz que, exceptuando a muy pocos, al resto le abandona la vida durante los propios preparativos de la vida.» — Séneca

El estoicismo, eso que nuestros abuelos no conocían y practicaban. Ahora a la gente le ha dado por meditar con Marco Aurelio.

Entremos en materia. ¿No tienes a veces la sensación de agobio por todo lo que podrías hacer, o deberías estar haciendo?

Yo sí. Me pasa a menudo: ideas que quiero aterrizar, cosas que quiero empezar, y de pronto el día pasa.

El problema no es el tiempo limitado que tenemos, sino las ideas que nos han metido sobre lo que hay que hacer con ese tiempo limitado.

Y lo peor es que la respuesta habitual tampoco ayuda. Ya llevamos suficiente carga encima, y encima nos dicen que no hace falta vivir agobiado, que la vida no es eso.

Hay una marea que nos lleva, y nos es muy difícil decir que no. El no es la palabra que más libertad nos da.

Dentro de esta vorágine no podemos dejar de mencionar el clima económico competitivo en el que vivimos: si no empleas el tiempo de la manera más eficiente posible, no te mantienes a flote. Esa premisa nos obliga a enfocarnos en el futuro, y así dejamos de vivir en el presente.

El equilibrio es delicado. No creo que sea un error pensar en el futuro, sobre todo cuando eres padre: buscas un futuro mejor porque tienes una deuda con la vida.

Afrontar que tu tiempo es limitado, que tus energías son limitadas, no es fácil. Es asumir la realidad con su fragilidad y su precariedad.

Cada vez intento ser más consciente de esto: que no soy capaz de llegar a todo, que no tienes que llegar a todo, que es mejor decir que no. Cuanta menos fricción generemos ante esta realidad, más llena de sentido y más alegre será nuestra existencia.

«La prisa es universal porque todo el mundo está huyendo de sí mismo.» — Nietzsche

Hay cadenas invisibles que nos atan y que somos incapaces de ver. Atascos mentales. Realidades que solo existen en nuestra psique.

Las decisiones difíciles son inevitables. Hay que aprender a tomarlas de forma consciente, a elegir a qué dedicarse y qué dejar pasar, en vez de dejar que todo se decida por defecto.

Qué grandes mejoras se pueden hacer en el mundo empresarial. Atajos mentales que se llevan haciendo toda la vida porque nadie ha caído en pensarlos. Y qué gran potencial tiene la gente joven para cuestionar esto, siempre y cuando le dejen.

Mantente firme frente al miedo a perderte algo. Porque es inevitable perderse algo, o casi todo. Cuando a algo le dices que sí, hay otras cosas a las que les estás diciendo que no. Decidir es algo propio de la edad adulta.

Sería macabro no dar una posible solución a todo esto. Voy a intentarlo, aunque lo suyo sería que cada uno analizara su propia empresa de vida.

Deja de querer usar el tiempo, y deja que el tiempo te use a ti.

La gran mayoría de las veces la vida nos lleva por caminos que no habíamos pensado, o nos redirige. Y qué bonito es cambiar de pensamiento, reescribir lo que estabas haciendo. Eso es adaptarse a la vida. Eso es carácter: saber redirigir los caminos mentales que tenías marcados.

En muchas ocasiones, para poder usar ese tiempo nos apoyamos en la tecnología. Y es curioso, porque esas tecnologías que nos ayudan a tenerlo todo bajo control están abocadas al fracaso: hacen aumentar de manera exponencial ese "todo" que debemos tener bajo control.

La palabra latina para decidir, decidere, significa cortar, en el sentido de eliminar alternativas. Es prima hermana de palabras como homicidio o suicidio.

Vivir en una continua indecisión es cómodo, porque vemos el futuro con una infinidad de posibilidades. Vivimos en una realidad que no existe, por el miedo a elegir y a descartar.

Cada día trabajo en ello. Clientes que descarto. Libros que no quiero leer. Trabajos que descarto porque intento aterrizar mi realidad. Personas con las que no quiero estar. Conversaciones en las que no entro, porque no saldría ileso.

Lo más duro es descartar clientes. Descartar posibilidades de ganar dinero. He eliminado varios productos de mi catálogo: productos poco rentables que se hacían por tradición, por inercia. Clientes que se fueron y con los que ganamos salud mental. Productos que ya no instalamos porque otras fábricas, en cierto modo, nos los habían impuesto.

La maldita inercia. Es más difícil de romper cuanto más peso lleva. Te mueves porque cuesta más pararse a inspeccionarla que seguir.

— Diego J.

Fuentes

Cuatro mil semanas, Oliver Burkeman — de ahí vienen el número, la etimología de decidere y la paradoja de la productividad.
Séneca, Sobre la brevedad de la vida.
Nietzsche.

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