Esta semana hablaba con un comercial. El tipo tiene una caravana, buena moto, buen coche. Su teléfono arde todos los días: no es una causa, es una consecuencia. Su hija estudia en Madrid. Me decía que la mayoría de los padres de los hijos que están en la acampada de Madrid no están en comunión con las ideas de sus hijos.

Las historias tienen un poder trascendental, nos definen actitudes del humano, y podemos aprender mucho de ellas. Peter Pan podría parecer un héroe: lucha contra la tiranía de Garfio para ayudar a los niños del País de Nunca Jamás. Así lo eligió, prefirió eso a irse con Wendy.

Los adultos también tienen su responsabilidad, quizás de parecerse a Garfio, o de no querer parecerse. ¿Quién va a querer crecer teniendo esas referencias?

La decadencia de la sociedad empieza por la moral. Lo vivido esta semana tras el accidente de tren en Toledo es un reflejo de ello, algo que se ha estado fraguando durante años. Hay valores que tenemos que rescatar de las cenizas. Decía David Cerdá que "cuando el honor llega a la polis pasa de ser una cualidad del guerrero heroico a una virtud del ciudadano". ¿Pero cómo vamos a conseguir este honor en los ciudadanos, cuando nuestros políticos no dan ejemplo?

Ya lo decía Aristóteles: "Los legisladores hacen buenos a los ciudadanos haciéndoles adquirir ciertos hábitos". Las conductas honorables crean espacios seguros (aunque siempre imperfectos). Menos sentimentalismo y más virtudes, es lo que hace falta.

Durante estos años no se ha visto hacer política, se ha visto utilizar la ideología para crear división, para mantenerse en el poder. No puedo más que decir que siento lástima, que nunca había pensado en salir de mi país, pero las líneas que se han cruzado estos años han sido demasiadas.

El retroceso que veo en la sociedad creo que va a ser muy difícil de recuperar. Prefiero ser positivo por voluntad propia, pero sin alejarme de la realidad. Hemos tolerado demasiadas mentiras, debe haber consecuencias, no podemos seguir dejando pasar esto por alto. "De siervos es mentir, de libres decir la verdad. Las personas que mienten deciden no ser libres —porque reniegan de sus responsabilidades— y por lo tanto carecen de honor".

Sin la verdad no podemos vivir en sociedad. Sin la verdad no existen los negocios, las empresas, no podría existir el amor, no podría haber relaciones sociales. "Quedar obligado a lo prometido es esencial para la vida en común". A nivel antropológico, podemos detectar que una persona nos está mintiendo, con gestos, con expresiones, y nos genera una desconfianza. Las relaciones se basan en esa confianza.

Necesitamos dirigentes que asuman responsabilidades, personas que quieran servir, no políticos que utilicen las instituciones para contentar a sus seguidores, para amarrar las próximas elecciones. Los ciudadanos deben de ser conscientes de que para tener unos derechos es necesario asumir unas obligaciones.

Tenemos una gran nación, tenemos una deuda pendiente con nuestros antepasados, y como dice Marian Rojas: “La felicidad consiste en vivir instalado de forma sana en el presente, habiendo superado las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro.”

"La verdad os hará libres" (Juan 8, 32). "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14, 6).

Fuentes

  • David Cerdá, Ética para valientes. El honor en nuestros días, Rialp.

  • Aristóteles, Ética a Nicómaco, libro II, 1.

  • Evangelio de san Juan 8, 32 y 14, 6.

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