Hablando con un amigo, me contó que su hija, con 18 años, entró en una depresión muy fuerte. Un día le dijo: "Papá, me quiero morir".
Qué duro tiene que ser oír eso como padre.
Me quedé dándole vueltas toda la semana, y volví a un libro: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, padre de la logoterapia (logos viene del griego y significa sentido). Si alguien sabe de sufrimiento es él: sobrevivió a los campos de concentración nazis.
Frankl cita a Nietzsche: "Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo". En los campos lo vio con sus propios ojos: aguantaba quien tenía un porqué. Y más tarde los psiquiatras norteamericanos lo confirmaron en Japón y en Corea: los más aptos para sobrevivir eran los que sabían que les esperaba una tarea por realizar.
Hoy vivimos justo lo contrario. Todo es relativo, nada merece la pena, no te metas en un trabajo que te haga sufrir. Y si trabajas más de lo estrictamente necesario, hasta es violento, porque estás denunciando lo gandul que es el otro.
Frankl decía que es falso, y hasta peligroso, pensar que el hombre necesita ante todo un equilibrio, un estado sin tensiones. El bienestar mental está en la tensión entre lo que ya has logrado y lo que todavía no has conseguido.
Lo que me llevo, como padre y como quien dirige una empresa:
Nuestros hijos no necesitan no sufrir. Necesitan sufrir por algo que sea suyo.
Y con un equipo pasa lo mismo. Si a tu gente le quitas toda dificultad, no la estás cuidando: le estás quitando el sentido. Lo que necesita es una meta que merezca la pena, y saber que esa meta la espera.
Así que tú, que diriges algo, sea una empresa, un equipo o tu propia vida, mírate primero: ¿qué tarea te está esperando? Si no la encuentras, el problema no es el cansancio. Es que te falta el porqué.
Fuentes:
Viktor Frankl, El hombre en busca de sentid
