Hola,

Querida alma inquieta.

Este es un espacio de reflexión, de pensamiento. Es un espacio de paz.

Conviene que entendamos qué es la paz. ¿Es estar tumbado? ¿No tener problemas? No es eso. Eso no le ocurre a nadie.

Hay quien puede estar alienado, atontado, anestesiado. Pero la realidad estará ahí, esperándolo cuando despierte, afilada y complicada como solo ella sabe ser.

En hebreo, paz se dice Shalom. Nuestra idea común de paz es ausencia de tensión, ausencia de guerra. El concepto hebreo es otro: integridad, bienestar, plenitud, seguridad, prosperidad.

Es decir: no es que no haya guerra. Es que las cosas estén como deben estar. Es estar en plenitud en medio de la tormenta.

Y falta nos hace entenderlo, porque en lo que se refiere a necesidades básicas vivimos en la mejor época de la historia, y aun así hay más ruido dentro de nosotros que nunca.

No me malinterpretes, no voy a pasarte la mano, ni me la voy a pasar.

Vamos a aterrizar ideas. Vamos a recibir y a dar. Y sobre todo vamos a madurar, o a crecer, según lo quieras ver.

En esta época de dopamina, de velocidad, de consumo ilimitado de contenido, es más necesario que nunca el ejercicio de la lectura y de la reflexión.

Reflexionar es incómodo. Ejercer la libertad es incómodo. Madurar es incómodo.

La libertad es algo bonito, algo que ansiamos. Pero la libertad sin responsabilidad no es libertad: es libertinaje.

Por eso, y por muchas cosas más, al suscribirte recibirás todos los domingos una píldora de reflexión, de energía, de incomodidad, de luz.

Es un viaje que haremos juntos. Porque toda alma aspira a crecer, aspira a mejorar, y aspira a encontrarse con otras almas para crecer con ellas.

Esto no se acumula. El domingo que no lees, no lo recuperas: no porque yo lo borre, sino porque ese domingo ya pasó y tú seguías igual.

Suscríbete y nos vemos el primero.

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